Ana Llestín liga la naturaleza y la luna en un vínculo poético

14/03/2014

Ana Llestín liga la naturaleza y la luna en un vínculo poético

Articulo en el Diario Mediterraneo de Castellón del domingo 23 de febrero 2014
Ana Llestín liga la naturaleza y la luna en un vínculo poético
La pintora aúna la propiedad de la técnica mixta para crear espacios inverosímiles

Critico: Atonio Gascó

El Palacio de Vivel de la Fundación Caja Castellón acoge una exposición de la pintora Ana María Llestín auspiciada por la asociación cultural Amics de la Vall, en la que la artista de Almedijar exterioriza su creatividad fantasiosa y poética a través de dos temáticas  llenas de emotiva ensoñación como son la luna y la naturaleza. Dos referentes de índole claramente poética, que en su pintura a caballo entre la abstracción y el realismo, buscan auspiciar la imaginación del espectador en aras de una búsqueda existencial y lírica a un tiempo, que tiene una fantasía que reta a la imaginación del espectador a embarcarse en una maravillosa aventura en el ámbito del ensueño y de la sensación, de la quimera y el embeleso de la sugestión y la emotividad.

La luna tiene un gran vínculo con la naturaleza o viceversa. Cabe no olvidar como el primer calendario nació del ciclo lugar que curiosamente es absolutamente coincidente con el ciclo menstrual femenino. No es extraño que en los tiempos neolíticos en que el hombre descubre la agricultura y la ganadera haya una adoración a la diosa madre a la que se identifica con la tierra seno fértil que como el de una hembra recibe una simiente que fructifica. Esa religión mítica tiene un poder ancestral que se une a la fantasía del inconsciente colectivo, como especificaba Jung, en una cópula de intensidades emocionales.

La pintura de Ana Llestin aúna la propiedad de una técnica mixta de dibujo, pintura, fregados, veladuras y evanescencias para crear espacios inverosímiles y quiméricos que comulgan con una perspectiva tan visionaria como poética. Espacios aéreos en los que la tierra navega en ensueños siderales y la luna se deja alcanzar como quería Lorca, al vestirla con polisón de nardos.

El mito se yergue en la exaltación de la hembra, arquetipo de la naturaleza como asimismo relata la poesía de Borges:

«Ariosto me enseñó que en la dudosa
luna moran los sueños, lo inasible,
el tiempo que se pierde, lo posible
o lo imposible, que es la misma cosa.»

Siempre he dicho que hay una sensibilidad muy renacentista en el lenguaje actual de la pintora. Tal vez por ello he elegido el texto de Borges que cita a Ariosto en un relato caballeresco que evoca reminiscencias petrarquianas. Hay un amor palpitante en una obra en blanco y negro, de extremos contrapuestos  e infinitos en su ilimitada etereidad, el Ying y el Yang. Según esta idea, cada ser, objeto o pensamiento posee un complemento del que depende para su existencia y que a su vez existe dentro de él mismo. De esto se deduce que nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud, sino en una continua transformación. Acción soñadora, idealista, misteriosa y mágica. ¿Por qué será que a la pintora le gustan los haikus?

 

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